miércoles, 25 de julio de 2018

El pensamiento filosófico latinoamericano.

El pensamiento filosófico, es un pensamiento crítico, activo, inquieto, inconformista, libre, racional, no empírico, y especialmente especulativo (poco práctico) que indaga buscando respuestas sobre aquellos hechos esenciales que la ciencia aún no ha podido responder, y que eleva al hombre como ser racional en su plenitud. No se apoya en supuestos para sustentar sus afirmaciones, sino en verdades comprobadas, para buscar los principios y las causas, basándose en la confianza puesta en la capacidad de la razón para encontrarlos. 

Sin lugar a dudas, existen pensamientos filosóficos en Latino américa. Pues existe el pensamiento racional, humano y alejado de la fe religiosa. Existe en cada pensador filosófico que se ha planteado el estudio y razonamiento en el ámbito latinoamericano.
En América latina el desarrollo filosófico podría considerarse algo nuevo, pues apenas desde el siglo XVIII se empezaron a dar indicios de pensamiento por parte de los latinos, quienes aunque aún se encontraban bajo el dominio español ya daban con las primeras ideas no solo teológicas o de críticas sociales, sino de libre pensamiento y revolución; Aun así, a nivel europeo ya se tenían bases de pensamiento filosófico de más de veinte siglos.
A la mitad del siglo XIX, cuando la mayoría de países de América latina eran “independientes”, al menos políticamente hablando, el pensamiento filosófico había avanzado pero aún se tenían lazos con el pensamiento colonial y esto hacía que el avance del pensamiento fuera algo más lento. 

La filosofía latinoamericana ha existido durante la colonia y el siglo XIX, pero fue más que todo ejercida por intelectuales cuya labor no era exclusivamente la filosofía, sino que solo se dedicaban a filosofar sobre ciertos aspectos políticos y religiosos.

De esta manera se puede concluir que a pesar de los constantes intentos de dominio por parte de naciones externas, aún prevalecía el espíritu investigativo en lo referente a intereses sociales, político y religiosos que en sí buscaban llevar al hombre a una concepción propia de identidad y verdad en cuanto a su historia. Fortaleciendo así el aprendizaje de una misma influencia colonial, esto, con el fin de crear pensamiento propio en los individuos para visionar futuros frutos de una identidad fuerte y auténtica que garantizara la formación de una cultura firme basada en los modelos tradicionales de igualdad.

Para finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX los latinoamericanos basaban sus pensamientos filosóficos en movimientos como el liberalismo, que llamaba bastante la atención al no ser una corriente de pensamiento religiosa, pero que tampoco iba en contra de la religión, solo daba paso de esta para analizar las ideas nuevas y utilizar el pensamiento cartesiano que indicaba la autonomía de la razón, defendía los derechos de los individuos y apoyaba el poder limitado del estado al igual que la libre competencia económica.
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El pensamiento filosófico ecuatoriano.

Poco se ha investigado la Filosofía en el Ecuador lo que ha impedido una autoconciencia de lo propio. Se ha hecho una crítica literaria formalista, y no de contenidos, de ideas. De Juan Montalvo, por ejemplo, no se ha analizado su “riqueza ideológica”. Se ha matizado con la actitud o “apologética o denigratoria” que revela una parcialidad partidista. El Ecuador se ha ignorado en sus valores.

Muchos autores ecuatorianos han señalado la no-existencia tanto de la “literatura de ideas” cuanto del “pensamiento filosófico”. Como Julio Endara que arguye que no tenemos “abolengo filosófico”, o de Belisario Quevedo que plantea que en nuestra independencia no hubo ningún movimiento de ideas, y, que nuestra política, tiene como fuente a los hechos y no a las ideas. Al igual que Julio Enrique Moreno, al decir: nada recibimos del “remozamiento espiritual” de la renovación filosófica del 900. De otro lado, José Rafael Bustamante escribe, que no han existido filósofos en América y peor “cultura filosófica” en nuestro país, además de cuestionar nuestra raza y naturaleza. Algo similar, dice Benjamín Carrión, con la expresión, “tierra sin filósofos” y la comparación con otros países, como México y Argentina, pero sustentando alguna locución filosófica en nuestro ensayos.

Esto es contrario al lugar que el Ecuador ocupa en el plano literario que es muy importante; pues, la literatura de América Latina es, de hecho, afilosofada, como en Martí, Sarmiento, Montalvo etc. El modelo que hemos utilizado para buscar la filosofía y el filósofo latinoamericano es el académico-europeo, y éste, contiene otras “categorías culturales”, se basa en otra realidad; y nosotros no nos hemos ocupado de otra estructura metodológica. A más de dicho modelo, tenemos una actitud imitativa o de sentimiento de inferioridad, lo que puede ser solucionado, no sólo con la utilización de una “lectura interna” del texto, sino también con una externa del contexto, de la época, que totalice la visión en función de lo social; esto conlleva, a tratar el contenido ideológico del discurso filosófico. Y con tal metodología, habría un pensamiento filosófico en el Ecuador, pues éste vale más que una tradición hermenéutica y lingüística apegada a reglas académicas.

Entonces, se ha remplazado la historia de la filosofía por la historia de las ideas, acercándose a las del pensamiento, pero más concreto en lo filosófico. La ontología y la metafísica, están en lo profundo del discurso político, lo que supone uno filosófico. El pensamiento latinoamericano tienen una relación indudable con la praxis social, y la metafísica existe en los “supuestos”; la teoría del ser y del ente tiene que revelarla el historiador a partir de nuestra realidad cultural. Esto ha comenzado con la elaboración de un análisis verdadero del Ecuador. 

Algunos como Jorge Carrera Andrade, Leopoldo Benítez Vinueza, y otra generación ha empezado la tarea de una teoría cultural, como O. Hurtado, Moreano, A. Cueva etc. que superan el formalismo y el subjetivismo, dibujando una base económica y social de la cultura ecuatoriana, para realizar la historia de las ideas.
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